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Presidente Morales toma juramento a los nuevos jefes de las Fuerzas Armadas

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LA PAZ.- El presidente, Evo Morales, designó hoy al nuevo alto mando de las Fuerzas Armadas y nombró como su comandante al general Omar Salinas Ortuño, que hasta ahora fue jefe del Ejército de Tierra.
En un acto en el Palacio de Gobierno de La Paz, Morales tomó juramento a la nueva cúpula castrense y agradeció la labor de los comandantes salientes, encabezados por el almirante Víctor Baldivieso, que ejerció el cargo durante un año.
El nuevo alto mando está conformado por el jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, vicealmirante Luis Fernando Luján Flores; el comandante del Ejército de Tierra, general José Luis Vegazo Ampuero; el de la Fuerza Aérea, general Gonzalo Durán Flores; y el de la Armada, vicealmirante Waldo Calla Gutiérrez.
En su discurso, Morales pidió a los nuevos jefes militares “mucho esfuerzo y mucho compromiso” en su trabajo por Bolivia porque, según dijo, las Fuerzas Armadas son el “sostén del Estado”.
Según el gobernante, las Fuerzas Armadas son “revolucionarias” cuando están “al servicio de su pueblo, cuando tienen una doctrina nacionalista, del pueblo y para el pueblo” y cuando “tienen identificado que nuestro enemigo es el imperialismo”.
A su juicio, antes no se podía considerar “Fuerzas Armadas del pueblo” a la institución castrense cuando estaba “subordinada, sometida a los intereses del imperio” por decisiones de las autoridades políticas de entonces.
Por su parte, tanto Baldivieso como Salinas enfatizaron en la “disciplina” necesaria al interior de la institución castrense.
El alto mando saliente tuvo que lidiar en abril pasado con las protestas de más de un millar de militares de bajo rango que reclamaron en las calles reformas en las Fuerzas Armadas.
Los uniformados de baja graduación exigieron un mejor trato en la entidad y denunciaron que son objeto de discriminación y racismo en el seguro médico, los alimentos, las viviendas y la educación que reciben en las Fuerzas Armadas.
Más de 700 militares fueron destituidos entonces, acusados de “sedición, motín, realizar acción política y atentar contra la dignidad y el honor” de la institución, si bien la mayoría fue reincorporada progresivamente cuando cesó el conflicto.
El alto mando militar rechazó las denuncias del sector movilizado pero aceptó dialogar para buscar una solución al problema, tras dos semanas de protestas.