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Recuerdan a Mandela y García Márquez en el altar del Día de los Difuntos

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LA PAZ.- El Gobierno rindió hoy un homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez, al líder sudafricano Nelson Mandela y al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, entre otras personalidades, en un altar del Día de los Difuntos que se instaló en la sede del Ministerio de Exteriores en La Paz.
La Cancillería instaló en una sala la tradicional mesa de culto a las almas, con velas, flores, abundante comida, frutas, dulces y las llamadas “t’ant’awawas”, unos panes con formas humanas.
Junto a estos elementos, fueron colocadas fotografías de personalidades fallecidas, entre ellas, la de Mandela, Chávez, García Márquez, el dictador libio Muamar el Gadafi, el expresidente argentino Néstor Kirchner, el estadounidense Martin Luther King y el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, entre otros.
También fueron recordados los próceres independentistas Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, además de los líderes indígenas, políticos y sindicalistas protagonistas de la historia boliviana.
“Hay que recordar las obras que nos han dejado estos grandes hombres, luchadores por la justicia, integrales”, afirmó en un discurso el ministro boliviano de Exteriores, David Choquehuanca.
En Bolivia se tiene la creencia de que a mediodía del 1 de noviembre las almas de los difuntos descienden desde los cielos para comer y beber lo que en vida les gustaba, por ello, se montan estos altares con comida, panes y bebidas.
Esta celebración se entrelaza con la del Día de los Difuntos o Día de las Almas, que se celebra el 2 de noviembre y cuando, según la creencia popular, los antepasados dejan este mundo tras haberlo visitado durante un día.
Para facilitar el transporte de las almas, los bolivianos preparan panes con diversas formas, entre ellas, hogazas en forma de escaleras y de llamas, los camélidos característicos del altiplano.
Choquehuanca afirmó que las personas que perdieron algún familiar se visten de negro porque este color da fuerza y poder, según la creencia aimara, la etnia a la que pertenece el canciller.