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Revelan correspondencia inédita que el nazi Barbie envió a Bolivia desde prisión

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LA PAZ.- En el ocaso de su vida en una prisión francesa, el criminal de guerra nazi Klaus Barbie afirmaba que su conciencia estaba tranquila, extrañaba visitar las tumbas en Bolivia de su esposa e hijo y se consideraba un “pobre diablo”.
La intimidad de Barbie en ese momento queda expuesta hoy en las cartas enviadas a su mejor amigo en Bolivia, Álvaro de Castro, entre 1983 y 1991, citadas en el libro “Klaus Barbie. Un Novio de la Muerte”, publicado estos días en La Paz.
“El Barbie que escribe estas líneas es otro muy diferente a aquel que era teniente coronel honorario del ejército boliviano, o ese despiadado ‘Carnicero’ durante sus primeros años en Lyon (Francia)”, afirman los autores, los bolivianos Peter McFarren y Fadrique Iglesias.
Se trata de una obra que introduce una nueva perspectiva en el análisis de la vida de Barbie en Bolivia, tras huir de Europa donde sus crímenes en la Segunda Guerra Mundial le valieron el apodo de “El carnicero de Lyon”.
Las cartas, colectadas por McFarren y publicadas por primera vez en español, muestran como Barbie se justifica, siente nostalgia por la libertad, pero también soledad y nunca abandona la esperanza de que sus influyentes amigos bolivianos tramiten su retorno al país.
“Lo principal es que yo tengo bien la conciencia y que la base de mis hechos es una guerra cruel en la cual hice mi deber por mi patria”, dice Barbie en una carta del 31 de marzo de 1988, cuando cumplía la cadena perpetúa que se le impuso en 1987.
Uno de los autores del libro, Iglesias, dijo en entrevista con Efe que “las cartas demuestran que no se arrepintió” y que incluso creía, de forma discutible, “que si Alemania hubiera ganado la guerra él no hubiera sido considerado un verdugo, sino otros”.
Con el nombre de Klaus Altmann, Barbie vivió en Bolivia 32 años, entre 1951 y 1983, conectado con políticos y dictadores militares, haciendo negocios y prosperando con la venta de armas y protegiendo al narcotraficante Roberto Suárez (el ‘Rey de la Cocaína’) con el grupo de neonazis “Los Novios de la Muerte” a su servicio.
Tras ser extraditado desde Bolivia a Francia el 4 de febrero de 1983, algo que no esperaba, Klaus Barbie afrontó un juicio histórico en Lyon acusado de diversos crímenes contra la humanidad.
“Mi vida ha cambiado por completo. Extraño todo, a las tumbas de mi hijo y mi señora, a tu compañía, a todos los amigos y sobre todo al país y a la libertad de la que he podido gozar durante los 31 años de mi vida en Bolivia“, dice Barbie a De Castro.
Esas palabras están en una misiva del 7 de abril de 1983, en la que cierra con la frase: “soy un pobre diablo”.
Según los autores, Barbie también hizo negocios con una compañía boliviana de transporte marítimo y, contrariamente a los que se esperaba, viajaba constantemente a Europa, lo que permitió que los cazanazis Beate y Serge Klarsfeld finalmente lo reconocieran.
“Tenía una característica, que lo diferenciaba de otros nazis que vinieron a América Latina y se quedaron en las sombras: él tenía un afán de protagonismo y en la década de los años ’60 hizo una gira de negocios por Europa, donde fue identificado”, sostuvo Iglesias.
Como jefe de la Gestapo en Lyon, Barbie fue responsable de la muerte de miles de judíos, además de la captura y tortura hasta la muerte del líder de la resistencia francesa, Jean Moulin.
Uno de los crímenes que estremece y refleja “su poca humanidad” fue haber enviado al campo de exterminio de Auschwitz a 44 niños judíos de un albergue de la aldea de Izieu, cuando la ocupación alemana ya era insostenible, comentó Iglesias.
Las cartas también muestran el interés de Barbie por los cambios en la política boliviana al punto que afirma que representan mucho para él en su “triste soledad” en prisión, en la que el 6 de agosto (aniversario patrio boliviano) piensa mucho en su “segunda patria”.
Según Iglesias, es admirable que Barbie haya logrado conectarse fácilmente con líderes bolivianos ya que fue amigo del presidente militar René Barrientos (1966-1969) y trabajó para las dictaduras de Hugo Bánzer (1971-1978) y Luis García Meza (1980-1981).
Su relación estaba basada en su experiencia en inteligencia y represión, lo cual también le sirvió para ser espía de EE.UU. entre 1947 y 1951, e incluso colaborar con Alemania Federal en 1960.
El libro, de la editorial boliviana Plural, es la investigación más completa en español sobre Barbie, según Iglesias.